
La emergencia puede terminar en semanas. La recuperación de una comunidad puede tomar años. La experiencia de Socya en el Eje Cafetero y en otros territorios del país demuestra que reconstruir no significa solamente levantar viviendas: también implica recuperar medios de vida, fortalecer el tejido social y construir territorios más seguros y resilientes.
La respuesta de Colombia ante el terremoto del pasado 10 de agosto ha demostrado, una vez más, nuestra capacidad de solidaridad frente a la tragedia. La movilización ciudadana, la ayuda humanitaria y el acompañamiento institucional son fundamentales para atender las necesidades más urgentes.
Pero cuando disminuyen las donaciones y la emergencia deja de ocupar los titulares, comienza una etapa menos visible y mucho más prolongada: la recuperación de las comunidades y los territorios afectados.
Desde Socya, con más de sesenta años de experiencia en gestión social y una participación directa en la recuperación del Eje Cafetero tras el sismo de 1999, compartimos algunos aprendizajes que pueden ayudar a convertir la solidaridad de hoy en soluciones sostenibles para las comunidades.
Cuando termina la emergencia, comienza la reconstrucción
Los procesos de recuperación después de un desastre atraviesan diferentes etapas. Primero está la respuesta inmediata, enfocada en salvar vidas y estabilizar a la población. Después llega la planeación: diagnosticar los daños, escuchar a las comunidades y estructurar las intervenciones. Finalmente, comienza una recuperación que puede extenderse durante años.
En este proceso, las necesidades van mucho más allá de la infraestructura.
La reconstrucción de viviendas debe avanzar junto con la recuperación de los medios de vida, el acompañamiento psicosocial, el fortalecimiento del tejido comunitario y la planificación de territorios más seguros.
Una familia con una vivienda nueva, pero sin ingresos, sin redes comunitarias y sin acompañamiento emocional, todavía tiene un largo camino por recorrer.
Una experiencia que sigue enseñando: el Eje Cafetero
El terremoto del 25 de enero de 1999 dejó cerca de 1.200 personas fallecidas, más de 400.000 damnificados y pérdidas estimadas por la CEPAL en 2,1 billones de pesos de la época.
La respuesta institucional dio lugar al Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero, FOREC, que implementó un modelo basado en la participación comunitaria, la descentralización, la eficiencia, la transparencia y la sostenibilidad.
Una de sus principales lecciones fue que reconstruir bien requiere tiempo.
La etapa de consolidación y planeación se extendió durante varios meses después del sismo. En ese periodo se formularon, junto con las comunidades, los Planes de Acción Zonal. La reconstrucción física comenzó posteriormente y se extendió hasta marzo de 2001.
Ese tiempo permitió diagnosticar, concertar y estructurar las intervenciones antes de ejecutarlas.
Socya, entonces Fundación Codesarrollo, integró junto con la Fundación Conconcreto el consorcio responsable de la Zona 3 de Armenia. Durante 24 meses, el equipo trabajó simultáneamente en cuatro frentes: vivienda, equipamiento comunitario, tejido social y reactivación económica.
La experiencia dejó aprendizajes que siguen siendo relevantes: descentralizar la gestión, integrar capacidades complementarias, fortalecer la participación de las comunidades y garantizar que las soluciones consideren también a la población arrendataria y no propietaria.
Recuperar también significa volver a producir
Nuestra experiencia en procesos posteriores ha confirmado que la reconstrucción no termina cuando se entrega una infraestructura.
En Gramalote, Norte de Santander, acompañamos, en alianza con el Fondo Adaptación, la estructuración de planes de negocio para emprendimientos nuevos y tradicionales de familias vinculadas al reasentamiento colectivo luego de la emergencia del 2010. El proceso benefició a 1.600 personas y 383 familias y articuló organizaciones sociales, entidades públicas y empresas privadas.
En Chocó, el proyecto Reactivar Chocó acompañó proyectos agroforestales para comunidades étnicas afectadas por la ola invernal de 2010 y 2011. En Nóvita, familias paneleras afectadas por el desbordamiento del río Tamaná recibieron asistencia para recuperar su actividad productiva.
Estas experiencias comparten una misma lección: la recuperación económica y social de un territorio necesita tiempo, presencia sostenida y alianzas que permanezcan.
El reto que no podemos dejar para después
Dentro de una reconstrucción integral, el componente social suele ser uno de los primeros en enfrentar restricciones de recursos. Sin embargo, sus efectos son determinantes para la sostenibilidad de todo el proceso.
Recuperar una comunidad también significa acompañar su salud mental, fortalecer sus vínculos, recuperar sus capacidades productivas, facilitar el acceso a información y reconstruir la confianza.
Por eso, lo social no puede quedar para después de reconstruir lo físico.
La experiencia del Eje Cafetero nos recuerda que los meses destinados al diagnóstico, la planeación y la concertación no fueron tiempo perdido. Fueron parte de la reconstrucción.
Colombia no llega a este momento desde cero. Cuenta con la memoria técnica de procesos como el del Eje Cafetero, con marcos internacionales para la gestión del riesgo y con organizaciones y comunidades que han demostrado que es posible sostener procesos de recuperación durante años.
Desde Socya ponemos a disposición del país más de seis décadas de experiencia en gestión social y los aprendizajes acumulados en procesos de reconstrucción, reasentamiento, reactivación económica y fortalecimiento comunitario.
Porque reconstruir no es solamente volver a construir lo que se perdió.
Es crear las condiciones para que las comunidades puedan volver a proyectar su futuro.
Y para lograrlo, lo físico, lo social y lo económico deben avanzar de la mano.